martes, 15 de junio de 2010

Una advertencia importante

Una advertencia importante
pág. 263

Si pudiéramos obtener letras de fuego para grabarlas en la conciencia del
lector, nosotros no escatimaríamos esfuerzo para adquirirlas con el propósito de
advertir a los estudiantes respecto a algunos puntos peculiarísimos en conexión
con la práctica de la astrología médica. Helos aquí:

Nunca diga a un enfermo una cosa que le descorazone.
Nunca diga a sus pacientes cuándo se han de presentar las crisis que se
avecinan.
Nunca prediga una enfermedad para un momento determinado.
Nunca, nunca prediga la muerte.

Es una grave equivocación, casi un crimen, el decir a las personas
enfermas cualquier cosa que las desanime, porque esto les roba la fortaleza que
debe ser estimulada en cuanto sea posible y con el mayor cuidado para facilitar el
restablecimiento. También es equivocado el sugerir enfermedades a una persona
sana porque esto enfoca la mente en una enfermedad específica en un momento
dado, y tal sugestión es capaz de producir la enfermedad.
Es un hecho bien conocido para muchos estudiantes de medicina que ellos
sienten o notan los síntomas de todas las enfermedades que estudian y sufren
grandemente como consecuencia de esta autosugestión; pero la idea de que
amenaza o se aproxima una enfermedad inculcada por uno en cuyo enfermo ha
puesto toda su fe es mucho más peligrosa; por lo tanto, es preciso que el médico
astrólogo sea muy prudente y precavido. Si no se puede decir nada que preste
ánimo y aliento, lo que debe hacerse es guardar silencio.
Esta advertencia se aplica con fuerza particular cuando los pacientes en
tratamiento tienen en Tauro o Virgo saliendo, o el Sol o la Luna en estos signos.
Estas posiciones predisponen a la mente para centrarse en la idea de la
enfermedad, a menudo de la manera más obstinada. Los nativos de Tauro temen
a la enfermedad en un grado muy exagerado y la predicción de enfermedad es
fatal para su naturaleza. Los de Virgo “cortejan” a la enfermedad con objeto de
atraerse la simpatía, y aunque digan que desean mejorarse, realmente ellos
disfrutan con que se les atienda como enfermos. Estas personas anhelan conocer
sus síntomas, las crisis y se deleitan en profundizar en la materia; alegaran el que
son capaces de permanecer serenos ante la realidad de sus casos y hasta
asegurarán que esto les favorecerá; pero si el médico cede ante sus protestas y
les confiesa su enfermedad, quedarán marchitos como una flor. Estas personas
son las más difíciles de tratar y debe tenerse un cuidado exquisito de no agravar
su estado accediendo a peticiones de la naturaleza que hemos indicado.
Además, aunque los autores han utilizado la astrología médica por muchos
años y con fortuna admirable, y aunque la Astrología, como ciencia, es
absolutamente exacta e infalible, no debe olvidarse que existe, no solamente, la
probabilidad de equivocarse en la predicción por parte del curador y también de
que la persona cuyo horóscopo se juzga puede actuar con su voluntad hasta un
extremo que domine y anule las indicaciones del horóscopo. El enfermo o el
individuo en cuestión puede cambiar su modo de vida sin saber lo que hubiera
pasado de haber continuado viviendo como antes y, como consecuencia de esto,
puede no sufrir lo más mínimo cuando la tendencia a la enfermedad señalada por
el horóscopo llegue; de todos modos, es cruel el alterar su mente en cualquier
caso.
Naturalmente, al principio el estudiante estará muy expuesto a cometer
errores en su juicio, pero nadie estará inmune totalmente. Nosotros recordamos un
caso que llegó a nuestros oídos recientemente. Uno de los astrólogos más
capacitados de Europa predijo a un cliente de África del Sur que en una fecha
determinada tendría una severa hemorragia de los pulmones. El pobre hombre se
dirigió a nosotros pidiéndonos auxilio; pero aunque el horóscopo señalaba
propensiones a resfriados de los pulmones, nosotros no vimos ningún indicio
alarmante para el momento predicho, ni tampoco ha sufrido ninguna hemorragia
durante el año transcurrido de aquella fecha hasta el día.
Algunos estudiantes tienen un deseo morboso de saber el momento de su
propia muerte e investigan para conocerlo de la manera más absurda y
extraordinaria; pero no importa el modo en que pretendan convencerse a sí
mismos de que están serenos, pues hay muy pocos que tienen la fibra mental y
moral de continuar viviendo su vida del mismo modo que la habrían vivido
ignorándolo, desde el momento que saben con absoluta certeza que en un día
determinado ha de concluir su vida terrestre. Éste es uno de los puntos más
cuidadosamente ocultados hasta que estamos en el momento de ver ambos lados
del velo y nosotros cometemos un error, no importa lo que podamos alegar,
cuando buscamos el descifrar y extraer este conocimiento del horóscopo.
Aun más; se ha dicho con mucha razón que “el médico que prescribe para
sí mismo tiene un tonto por paciente”; y esto se aplica para el diagnóstico sobre
nuestro propio horóscopo con fuerza decuplicada, porque ante él todos somos
parciales, bien si lo apreciamos favorablemente o lo tomamos en serio,
especialmente cuando investigamos la hora y el modo de morir.
Nosotros recordamos un caso en el que una dama intelectual, directora de
una escuela privada en Nueva York, nos escribió rogándonos la admitiéramos a
nuestra clase por correspondencia, “si nosotros suponíamos que valía la pena,
puesto que ella moriría la primera semana de marzo”. Ella nos dijo todos los
aspectos sobre los cuales basaba su juicio, y como quiera que uno de nosotros
acababa de salir sano y salvo de configuraciones semejantes, el así afectado dio a
la señora en cuestión una buena plática para reanimarla diciéndole que él mismo,
a pesar de ello, esperaba vivir hasta una edad avanzada. Mediante nuestras
advertencias aquella señora está actualmente disfrutando de buena salud,
deseando vivir una vida útil, y ha olvidado todo acerca de su muerte. La astrología
es demasiado sagrada para utilizarla mal. Suplicamos, pues, al estudiante que
olvide completamente su horóscopo y que emplee todo su conocimiento para
ayudar a los demás, y de este modo su ayuda prestada se convertirá en un gran
tesoro celestial como ninguna otra línea de esfuerzo individual es capaz de
producir.

***
del libro "El Mensaje de las Estrellas" de Augusta Foss de Heindel y Max Heindel

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